Spanair deja de volar tras fracasar en la búsqueda de fondos

El sueño catalán de contar con una aerolínea propia para convertir el aeropuerto de El Prat en un hub internacional se esfumó ayer de forma abrupta. Spanair, la elegida, anunció su cese de actividad y empezó a dejar en tierra a pasajeros a partir de las diez de la noche, cuando aterrizó su última aeronave. Su incapacidad para encontrar un accionista dispuesto a inyectar con urgencia 150 millones de euros precipitó el drama, formalizado en la presentación de un concurso de acreedores y un posible expediente de regulación de empleo que deja en la máxima incertidumbre laboral a alrededor de 2.000 empleados.

Pasadas las nueve de la noche, la dirección de la compañía emitió un comunicado en el que informaba de que había decidido el cese de actividad “ante la falta de visibilidad financiera para los próximos meses” y “como medida de prudencia y de seguridad”. Y pedía, asimismo, “disculpas” a las personas afectadas.

El Ministerio de Fomento y Aena trabajaban ayer por la tarde para poder distribuir los pasajeros con billete de Spanair en otras compañías, como Air Europa o Iberia. La aerolínea fue la última en confirmar su cese de su actividad. Sus explicaciones eran sintomáticas de lo que ocurriría horas después. “La operativa de vuelos se mantiene con normalidad”, afirmaba un portavoz sin que le preguntaran. A las seis de la tarde, la aerolínea dejaba de vender billetes en su web.

A esas horas el reto ya era otro. Recolocar a los pasajeros que tienen billetes para los próximos días. La compañía transportó el pasado año 12,5 millones de pasajeros. En enero de 2011 transportó cada día una media de 25.000 pasajeros, un número de personas parecido al que hoy irá a los aeropuertos con la esperanza de poder tomar su avión.

La amenaza de que la Comisión Europea obligara a la aerolínea a devolver los 112 millones de euros que había recibido de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona se había convertido en la espada de Damocles de la compañía. El propio presidente del Gobierno catalán, Artur Mas, se reunió ayer con el máximo dirigente de la compañía, Ferran Soriano, para comunicarle que no habría más transfusiones de fondos públicos. La última, en pleno proceso de recortes sociales, se acordó en diciembre por 25 millones.

El cierre de ese grifo es la razón principal por la que Qatar Airways, que negociaba desde octubre convertirse en el principal accionista con una inyección de 150 millones (el 49,9% del capital), se decantó por el “no” a la operación. Spanair ha tenido muchos pretendientes en dos años. Desde Lufthansa a Turkish Airlines, pasando por el grupo chino HNA.

Pero ningún acercamiento prosperó por los riesgos que suponía. Un abultado endeudamiento, 206 millones, para una compañía que perdió 116 millones en 2010 y otros 60 en 2011. Cada vez que uno de sus aviones despegaba perdía algo de dinero. “Mantenía unos costes de compañía grande y aviones de aerolínea pequeña”, señalaba ayer un empresario.
Refundada en 2009

Todos esos problemas chocaban con su razón de ser desde que fue refundada en enero de 2009, cuando inversores catalanes con el apoyo y recursos de las administraciones compraron a la escandinava SAS el 80% de la compañía. Spanair tenía el reto de convertir el aeropuerto del Prat y su nueva terminal en un conector de vuelos internacionales, gran reivindicación de los poderes públicos y empresariales de Catalunya. Spanair, pese a tener sólo experiencia y aviones de vuelos de corto y medio alcance, se marcaba como objetivo los vuelos transoceánicos.

Todos los intentos han sido en balde. Incluso los 112 millones aportados por las administraciones públicas que, a partir de octubre de 2010, fueron ganando protagonismo, a través de las empresas públicas Avançsa y Cimalsa. A día de hoy, el peso público representa alrededor del 40% del accionariado. Una creciente participación que contrasta con la del socio que aportaba la experiencia de negocio, SAS, que ha diluido su presencia hasta copar sólo el 10,9%. Ayer anunciaba que el concurso de acreedores de Spanair le causaba un agujero de 193 millones.

En el aeropuerto de Barajas, a las diez y media de la noche, una treintena de pasajeros con sus vuelos cancelados protestaba, informa Paula Díaz. Pero la oficina de Spanair tenía la persiana bajada y los mostradores estaban vacíos. “Mi vuelo tenía que haber salido a las 21.30 a Mallorca, pero me he enterado de lo que ha pasado al llegar”, explicó Sherezade, una afectada. Otro de los viajeros, Pepe, llegó ayer por la tarde a Madrid procedente de Tenerife y tenía prevista la vuelta a la isla canaria el domingo.

A última hora de ayer, Fomento anunció por boca del secretario de Estado de Planificación e Infraestructuras, Rafael Catalá, que iniciaría un expediente sancionador a Spanair, para exigir responsabilidades por un abrupto cese de la actividad.

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