El Monasterio de los Hombres (Mushkoy Monastery) en Moscú


Así fue como descubrí al Mushkoy Monastery – el Monasterio de los Hombres -. Ese edificio, sus jardines, sus tumbas, su pequeña capilla, su árbol multi centenario, sus bancas frente al río, luego fueron por muchos años, de mis refugios favoritos en Moscú por aquellos años 90`s

Una vez, hace mucho tiempo, en un año par de la última década del siglo pasado, me escapé de mi clase de ruso. Fue uno de eso días en que la presión de los maestros, la cantidad inconmensurable de tareas para la casa, lecturas y clases de dicción me hacían perder toda paz y entonces odiaba estar en aquel edificio gigantesco de largos corredores, de paredes despintadas con olor a rancio y suelos manchados de sucio. El mismo edificio que me fascinó a la llegada por su presencia magnánima, sus columnas gordas y altas, sus puertas pesadas con sabor a historia. Y entonces me escapaba. Me escondía de corredor en corredor, me escondía de baño en baño, acercándome cada vez más a la puerta principal, descubriendo nuevos corredores, nuevos salones, nuevas esculturas. Hasta que finalmente encontraba el salón principal. Y me escapaba de lo que aquel día de mala leche me parecía un edificio sucio, espantoso. Mi manera favorita de disfrutar el jubileo era subirme a un autobús con rumbo desconocido. No porque el chofer no supiera a donde iba, sino porque yo no tenía la más remota idea de adonde yo me dirigía, mucho menos sabía leer los revoltijos en cirílico, mucho menos conocía la ciudad para tomar un autobús con la ruta correcta. No existía ruta correcta, Ese era el chiste mayor de mi jubileo, perderme en la ciudad, a bordo de un autobús, sin saber a dónde me llevaría.

Fue así como descubrí ese monumento y tantos otros. Ese monumento. Entonces no sabía que era. Ese día el autobús paró enfrente del monumento, lo vi allí, inerte, solitario, muy viejo, y me bajé. Estuve mucho rato en la calle, cercano a la puerta principal, haciendo diagnóstico intuitivo, observando a la gente que entraba y salía, ¿Será público o privado? ¿Deberé entrar como polizón o me permitirán pasar por la puerta principal? ¿Estoy vestido adecuadamente o me sacaran por mamarracho? ¿Será entrada gratis o es un museo y debo pagar? Todas esas preguntas las respondía desde afuera, observando en silencio, desde el silencio forzoso de no poder comunicarme aún fluidamente en el idioma local.

El otrora misterioso Mushkoy Monasterio sigue aquí en pie, solo que ya no se le ve solitario, abandonado, viejo y envejecido. Ahora lo han resanado, repintado, se muestra altivo,ya no es viejo , ahora es antiguo. Y para mi gran sorpresa, ya no se le ve en las noches entre sombras oscuras que dan de miedo. El gran Monasterio de los Hombres ahora se muestra ante todos vestido de un blanco impoluto iluminado, con luces LED color violeta incrustadas en el suelo, en el espíritu europeo mas avant-garde que monje alguno jamás hubo imaginado.

Ya no es un secreto. Ya no es misterioso, ya no da miedo, Lo que es mejor:, ya no da pena. Ahora es distinto, como todo a su alrededor, todo es distinto, todo está remozado o todo es nuevo, todo es moderno, claro, ahora hay muchas otras luces LED color violeta en el camino. El Horrible hotel Intourist de la era soviética ha sido derrumbado y en su lugar le han cedido el paso a un extraordinario y lujosísimo edificio que sirve de recinto al Ritz Carlton Moscú.

Ya no se vale jubilarme. Ya no es necesario esconderme de corredor en corredor ni de baño en baño. Ahora el autobús no es soviético sino europeo, esa ahora es una tarea diaria, que se hace con una tarjeta magnética,para ir cada día al trabajo. Ya no se vale perderme. Ya sé dónde está el Mushkoy Monasterio. Anoche, de paso por Ploshad Ylicha, lo he visto otra vez y los recuerdos se arremolinaron por aquí dentro y no supe qué hacer con tanto recuerdo. Esta tarde lo he vuelto a ver. Y entonces supe que era tiempo de escribir acerca de el, el otrora misterioso Mushkoy Monasterio, que sigue aquí en pie.

 Escrito por Douglas Garcia

Un Venezolano en Moscú

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