La obesidad puede complicar la respuesta sexual

La sexualidad implica mucho más que un encuentro carnal. Trasciende toda la vida de un individuo desde su nacimiento. Al hablar de la respuesta sexual, nos referirnos a las distintas fases de la actividad sexual en el momento de la intimidad de una pareja.

En las personas con excesivo peso, debido a la incidencia que tiene este estado en afecciones cardiovasculares, hipertensión arterial, diabetes y otras, es muy probable que presenten disfunciones sexuales en una o varias de las fases de la respuesta sexual, hasta incluso pueden llegar a evitar el encuentro amoroso de la pareja.

Eyaculación tardía, anorgasmia, dispareunia (dolor durante el coito en el pene en los hombres y en la musculatura vaginal en las mujeres), falta de excitación y de lubricación son algunas de las disfunciones que suelen presentarse ante esta problemática.

La falta de movilidad física para adoptar distintas posturas sexuales en la relación, la des-sensibilización de zonas erógenas, la falta de flexibilidad corporal, sensaciones de ahogo y la dificultad para manejar sus genitales también son aspectos que pueden influir negativamente, impidiendo disfrutar plenamente de la actividad amorosa.

Estas cuestiones suelen enlazarse emocionalmente con la baja autoestima, que se presenta, en estos casos, como desvalorización corporal, sentimientos de exposición, vergüenza y poca confianza en sí mismo.

Muchas veces debido a esta trama tan compleja, los obesos manifiestan cuadros depresivos y ansiedad, que una y otra vez son canalizados a través de la ingesta de manera compulsiva, tendencia al aislamiento, cambios marcados de humor y/o conflictos en sus vínculos.

Cuando una persona con estas características acude al médico para iniciar un tratamiento, si el profesional ayuda a que revise su respuesta sexual no sólo obtiene mayor cantidad de datos que complementan el cuadro que presenta, sino que también le ofrece la oportunidad de orientarla hacia otras consultas de orden interdisciplinario con otros profesionales que tal vez ayuden a “desenmarañar la punta del ovillo”.

Motivar el cambio
El rehabilitar a un ser humano en la obtención de bienestar y placer a través de los encuentros sexuales, puede ser una fuente de suficiente motivación para que emprenda un cambio verdadero.

Reconocerse en sus formas de seducción, los recursos que posee para agradar a su pareja, aceptar las posibilidades y limitaciones que le ofrece hoy su cuerpo, descubrirse y animarse en nuevas estrategias en los encuentros íntimos, podrían aportar en la persona mayor confianza y estímulo para querer generar cambios que le proporcionen una mejor calidad de vida.

El trastorno de obesidad puede funcionar también como un gran mecanismo defensivo que viene a cubrir ciertos miedos y/o vulnerabilidades del individuo que ha padecido alguna experiencia traumática referida o no a su sexualidad, en otro momento de su vida.

El sufrimiento que muchas veces presentan estos cuadros para quienes lo padecen, puede requerir de un tratamiento en el cual su estado físico y funcional sea atendido paralela y complementariamente con su estado emocional.

Una mirada totalizadora sobre esta problemática garantiza en cierta medida la mejora y el alivio de los síntomas corporales y emocionales, tendiendo al bienestar general.

Encauzar esta enfermedad con un tratamiento adecuado, donde se contemplen todos los aspectos del padecimiento de una persona obesa, puede inducirla a cambios significativamente beneficiosos.

Fuente : Graciela Taffarelli | http://consultoriasaludmental.blogspot.com.ar/

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